Luchar contra el coronavirus en la Argentina: así viven los enfermeros que asistieron a los muertos por la pandemia

A Victoria Chamorro (61) le tocó auxiliar al primer paciente que murió en el país, en el hospital Argerich. Y a Fernando Avila (32) a la primera víctima fatal del interior, que fue internada en un sanatorio de Chaco. Incertidumbre, miedo y voluntad de servicio; las sensaciones que inundan a estos dos profesionales de la salud en época de pandemia

Guillermo Abel Gómez (64), el primer muerto por coronavirus en Argentina, nunca supo que estaba infectado porque los resultados del test llegaron al hospital Argerich una vez que había fallecido.

El paciente, que había regresado al país el 25 de febrero después de visitar París, empezó a presentar fiebre y dolor de gargante tres días después de arribar al país pero decidió asistir a la guardia médica recién el 4 de marzo.

Al ingresar se le realizó el hisopado correspondiente y se lo aisló preventivamente por tener los síntomas característicos de la enfermedad. Pero su estado de salud era delicado: padecía diabetes, hipertensión, bronquitis crónica e insuficiencia renal

Una de las encargadas en asistirlo fue la enfermera Victoria Chamorro (61), quien a diario le tomaba los signos vitales, le medía la presión, le administraba los medicamentos y lo higienizaba.

“Solo me ponía guantes para atenderlo porque hasta ese momento no sabíamos que estaba infectado. Cuando se confirmó que había dado positivo no solo me pusieron a mí en aislamiento preventivos sino también a los médicos, camilleros, mucamas y al personal de limpieza que anduvieron por ahí”

La noticia le llegó por teléfono, el sábado 7 de marzo, cuando se encontraba descansando en su casa de la localidad bonaerense de Merlo. Ese mismo día, pero horas después, el Ministerio de Salud dio a conocer la noticia. “Fue re chocante cuando me llamó la Jefe de Enfermería para contarme de lo sucedido. No podía creer que justo había pasado en mi servicio y temí por la salud de mi hijo de 17 años que vive conmigo”, recordó la mujer, que brinda sus servicios en el Argerich desde hace 30 años y en el Sanatorio Mitre hace 20.

No fue fácil. La invadió el miedo y la incertidumbre. Y sin bien nunca se le pasó por la cabeza que podía morir, lo que más la preocupaba era posibilidad de contagiarse y contagiarlo a su hijo. Pero lo peor vino de parte del entorno social de él.

“Mi hijo también se tuvo que quedar en cuarentena. Ambos vivimos en el mismo dúplex, yo en la parte de abajo y él arriba. Como mi hijo no sabía nada de lo que pasaba en mi trabajo, fue dos días al colegio hasta que después me dijeron que no podía ir más. Él la pasó muy mal porque cuando la gente se enteró de lo mío era como que lo discriminaban. Fue el que peor la pasó”, admitió la enfermera, que enviudó cuando su hijo apenas tenía 9 años.

“Cuando me dijo ‘mami si a vos te pasa algo yo con quién me quedo’ traté de ponerme lo más fuerte posible para poder conterlo porque noté que estaba muy asustado”, reconoció.

Durante su cuarentena extremó las medidas de limpieza y desinfección en el hogar, y no hubo un día en que olvidara colocarse el barbijo. Su hermana, que vive cerca, era la que se encargaba de hacerle los mandados. Pero nunca llegaron a hacerle test porque siempre se sintió bien y nunca presentó ningún síntoma.

“Llevé bastante bien el aislamiento. Solo estuve preocupada los primeros 4 o 5 días por mi hijo pero después me fui calmando», contó.

Si bien hoy puede decir que fue “una prueba superada”, se reincoporó el jueves 19 al hospital Argerich con mucho temor. ”No puedo dejar de pensar en la posibilidad de volver a estar en cuarentena otra vez porque los casos crecen exponencialmente. Me la paso viendo noticias y sé que eso puede pasar. Los que trabajamos en sanidad siempre vamos a estar expuestos. Pero no me queda otra que ir a trabajar porque es la profesión que elegí”, reconoció Chamorro.

Preocupadísima por lo que está pasando en Europa, donde Italia ya registra más muertos que China, se mostró esperanzada en que los argentinos no tengamos que atravesar la misma situación. “Para eso, es importantísimo que la gente respete el protocolo de aislamiento e implemente las medidas de higiene”, dejó Chamorro como mensaje a la sociedad luego atravesar por “la licencia más extensa» de su vida.

En la ciudad chaqueña de Resistencia, la experiencia del enfermero Fernando Avila (32) fue completamente diferente y a pesar de haber atendido al segundo fallecido del país nunca fue puesto en cuarentena y sigue trabajando incansablemente en el sector de cuidados intensivos del Sanatorio Femechaco.

A Avila le tocó asistir a César Cotichelli (61), quien murió el viernes 13 en ese centro de salud privado tras volver de un viaje por Egipto, Turquía y Alemania. Y al igual que el paciente porteño ya tenía enfermedades preexistentes: cursaba una insuficiencia respiratoria y anteriormente había sufrido neumonías complicadas.

El enfermero tomó contacto con el paciente un día después que el test le diera positivo, por lo que le dieron todo el equipamiento sanitario de seguridad para tratar con él. “Mi Jefe de Enfermería tomó toda las medidas de protección, como darme los mamelucos, las escafandras, los barbijos, los lentes, las mascarillas faciales y los guantes. ¿Viste como ves a los médicos y enfermeros en China? Bueno, así”, contó Avila a Infobae, quien trabaja en ese lugar desde hace 7 años.

“Empecé como enfermero en la parte clínica, estuve 3 años en quirófano y hasta hace poco estuve en terapia. Pero después de todo esto me destinaron a la nueva sala de aislamiento por coronavirus que construyó el sanatorio, donde hay capacidad para atender a 6 pacientes y actualmente hay solo un paciente internado con este virus”, precisó.

Lejos de atemorizarse frente a la pandemia que ya infectó a 15 chaqueños, entre los que se encuentra el primer niño del país, Avila lo vive como un nuevo desafío: “A mí me encanta mi profesión y estoy acostumbrado a lidiar con otros virus existentes. Lo diferente con este virus es que es muy reciente y todavía mucho no se sabe. Lo importante es que el sanatorio reaccionó rápido y al instante nos suministró todo el equipamiento para que trabajemos seguros. Estamos preparados para recibir una alta demanda y se van a ir agregando más camas en la medida que se necesiten”.

Actualmente, Chaco es la tercera provincia -después de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires- con mayor número de infectados. Y frente a esta delicada situación, el gobernador Jorge Capitanich se adelantó a la cuarentena obligatoria decretada este jueves por el presidente Alberto Fernández, anunció el cierre de sus fronteras y el aislamiento de toda su población el martes 17, y puso al Ejército a disposición de los enfermos por el COVID-19.

A pesar de lo convulsionada que está la ciudad de Resistencia por el aumento de los casos positivos, a Avila se lo nota calmo. Está separado, tiene una hija de 5 años y actualmente se encuentra viviendo con su padres.

A su hija la siguió la siguió viendo normalmente hasta antes del aislamiento social dispuesto por Capitanich, “tomando todos los recaudos necesarios; como lo es el lavado de manos”. Actualmente ella quedó al cuidado de su mamá, pero asegura que el contacto es permanente a pesar de estar físicamente separados.

“A mis padres también trato de darles tranquilidad. Cuando llego de trabajar me quedo en casa, refuerzo las tareas de desinfección y lavado de manos. Sigo con mi vida normal, solo que voy del trabajo a mi casa y de mi casa al trabajo”, señaló.

Capitanich informó que hay 139 pacientes que presentan síntomas o que viajaron a países con circulación viral o que estuvieron en contacto con un caso confirmado, por lo que está esperando los resultados del Instituto Malbrán”, que determinarán si aumenta la cantidad de infectados.

Ante esta situación y para que no colapse el sistema sanitario del único hospital de Resistencia, la gobernación llegó a un acuerdo con las autoridades del Sanatorio Femechaco para contar con sus instalaciones en el caso que sea necesario.

“El miedo es real y el sanatorio siguió con todo el protocolo de la compra del equipamiento recomendados por la OMS luego de la aparición del primer paciente. Cuando sucedió lo de César (primer muerto en la provincia) tuvimos el apoyo de la Ministra de Salud, del Gobernador y de todo el equipo de infectología. Y luego, las autoridades hicieron un acuerdo con la gobernación para recibir, en el caso que sea necesario, a los pacientes que no pueda absorber el hospital, que se encuentra colapsado”, admitió a Infobae el doctor Adrián Bravo, Jefe de la Terapia Intensiva de Femechaco, quien además confirmó que “hay circulación del virus en Resistencia y los riesgos autóctonos son altos”.

Ante esta situación, Bravo se encuentra en la búsqueda de profesionales de enfermería, kinesiología, rayos y laboratorio para poner a disposición de los pacientes que contraigan el virus. “Trabajo en este puesto desde hace más de 20 años y estoy muy orgulloso de cómo estamos formando a los enfermeros como Avila, quienes están capacitados para hacer procedimientos muy complejos que hoy son como rutinarios para ellos”, concluyó el médico. Y se mostró esperanzado en poder hacerle frente al pico de la epidemia en el país que se pronostica para mediados de abril.