La alegría de vivir (una reflexión lunfarda, sobre nuestra patética y penosa realidad nacional)

Los chantas de siempre, mataron y destruyeron la alegría de vivir… De nuestra sociedad, depende recuperarla y reconquistarla, para bien y satisfacción, de todos los argentinos…

Hoy, más que nunca, de un modo urgente e imprescindible, necesitamos recuperar la alegría de vivir… La santa Biblia, en el Libro de los Proverbios, capítulo 17, versículo 22, señala y subraya que: “El corazón alegre constituye la mejor medicina, pero el espíritu triste seca los huesos”. Por otra parte, en la célebre novela “El juguete rabioso”, del gran escritor, periodista y dramaturgo Roberto Arlt, cuando le preguntaron al protagonista del relato, Silvio Aster, si creía en Dios, él respondió: “Para mi Dios, es la alegría de vivir”. El lema o la consigna principal, del caracterizado y entrañable sacerdote chivilcoyano, presbítero José Lindor Zaccardi (1932 – 1992), de quien se conmemora, el trigésimo aniversario, de su trágico, brutal y jamás esclarecido homicidio; era precisamente: “Gracia, Paz y Alegría”, pues la alegría constituye, una de las primordiales virtudes, cristianas y evangélicas…

Hoy, más que nunca, necesitamos recuperar la alegría de vivir, frente al drama cotidiano de la angustia, el desánimo y el desaliento, la incertidumbre, la desazón, la falta de proyectos, motivaciones, ilusiones, expectativas y perspectivas; el dolor de la decadencia, la frustración, el  retroceso y el fracaso y, la enorme y fatal desesperanza de un país, del siempre lo mismo y el más de lo mismo; un país, donde ganan los chantas y los chorros, y pierden los giles y los esforzados laburantes; un país, que sólo nivela e iguala hacia abajo, con ignorancia, analfabetismo, marginación social, inoperancia, chatedad y larga miseria; un país, vacío de contenido, y carente de presente, porvenir y destino, cuyo rumbo, infortunadamente, no nos lleva a ninguna parte…

Los chantas de siempre – quienes defienden, preservan y salvaguardan, únicamente, sus propios intereses, prebendas, privilegios y beneficios económicos -, sin duda alguna, mataron, aniquilaron y destruyeron la alegría de vivir, juntamente, con la fe, la euforia y la alegría de trabajar, luchar, estudiar, avanzar, progresar y soñar; mataron, aniquilaron y destruyeron, los principios y valores, el sentido ético, la conciencia moral, la justicia, la verdad, la honestidad, la instrucción pública, la educación y la enseñanza, los auténticos méritos y, la sagrada y fundamental cultura del trabajo. Los chantas de siempre – quienes se hallan todos entongados, mediante pactos de impunidad, roscas, trenzas, arreglos, contubernios y componendas, aunque simulen ser elementos antagónicos, adversarios u opositores -, mataron, aniquilaron y destruyeron la alegría de vivir, condenándonos después, a bajar los brazos, tirar la toalla y, postergar y olvidar las utopías y sueños, en una paciente y silenciosa actitud de mansa y abrumadora resignación conformista… Ellos – los grandes chantas de siempre -, engrupen, engañan o embaucan a la gilada, cada día y a cualquier hora o instante, con una nueva cortina de humo distinta, mientras transcurren los años y el tiempo, se esfuma la vida, no cambia nunca nada y, todo sigue igual o peor de lo que está… En resumen: puro gatopardismo, “Hay que cambiarlo todo, para que nada cambie”. El primordial propósito u objetivo, consiste en que no cambie nunca nada, y todo siempre siga, igual o peor de lo que está…

Hoy, más que nunca, necesitamos recuperar la alegría de vivir, para encontrarle entonces, a nuestra existencia, una razón, motivo o significado valederos, y que, por lo tanto, sea – a pesar de las actuales circunstancias -, digna de ser vivida, amada, soñada y disfrutada. De nuestra sociedad depende, recuperar entonces, la bendita y hermosa alegría de vivir… De lo contrario, estaremos eternamente condenados a la tristeza, la angustia, la depresión, el desaliento, la frustración, el fracaso y, la mayor y más profunda desesperanza, por los siglos de los siglos…

Quiera Dios, que podamos en el futuro, recobrar como un bello y maravilloso milagro, la alegría de vivir perdida… La alegría de vivir perdida… La alegría de vivir perdida… La alegría de vivir perdida… 

La alegría de vivir, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Che, merluza, te bato, francamente, / con chamuyo dulzón y bien sereno, / qué importante es tener un cuore lleno / de amor posta y de dicha permanente. / Y canchero y tenaz, así, de frente, / qué importante, chabón, sentirse bueno, / y yugarla en la yeca – gozo pleno -, / de una forma pulenta, honradamente… / Qué importante, un espíritu fratelo, / que no sepa de tongos ni camelo, / para hacernos el verso y engrupir… / Y ojalá, que algún yorno, che, gomía, / nuevamente, nos cope la alegría, / la debute alegría de vivir.